lunes, 17 de mayo de 2010

¡Descarada!

















El sábado estuve en tu casa. Te acompañé a buscar una chaqueta, ha vuelto a refrescar y habías salido con poca ropa de casa.

Entramos a tu habitación. Me sorprendió darme cuenta de que, después de tantos años, nunca había estado allí.


Estuve espiándote, mientras tu estabas en el lavabo acabando de arreglarte. Miré todos los recuerdos que tienes colgados en la pared. A pesar de tu edad, sigues teniendo la habitación como una adolescente. Me encantó ver tus fotos de jovencita con tus amigas (ahora también las mías, quién lo iba a decir), leer tus escritos en la pared... ver tu foto del equipo femenino de fútbo. Qué horror, ¡¡¡realmente eres completamente lesbiana!!!

Tuviste el descaro de cambiarte de camiseta delante mío. Es más, tuviste la completa desfachatez de hacer gala de tu nuevo sujetador mostrándome los encajes... lo haces a propósito, ¿verdad?

No te imaginas qué pensé en ese momento. Solas en tu habitación. Tus padres durmiendo a dos metros de nosotras... como dos adolescentes otra vez.

¡Dios, esto de mi reciente bisexualidad me va a volver loca!

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