lunes, 31 de mayo de 2010

Loca

¡Y el tercero de la tarde!

Acabo de pegarme una llorera a tu salud. Me he quedado sin plan de tarde, sin verte, sin ver a Sonia, también. Y quedarme sola en casa me afecta al cerebro. Qué vamos a hacerle.

Y darme cuenta de que no estoy haciendo nada. Sólo viendo la puta serie que TÚ me recomendaste. Y riéndome... y pensando que verla sin poderla comentar contigo no tiene demasiado sentido. Porque me gustaría que estuvieras a mi lado. Cerca. Y que te rieras conmigo.

Y, a la vez, me parece ridículo. Y lo veo lejano e imposible. Imposible que tú quieras algo conmigo. Eres demasiado buena para mí. Demasiado guapa, demasiado atractiva, demasiado perfecta.

Y yo... yo sólo soy una loca.

Como una nooooooria...

¡Uf!

¡Qué bajón! Esta tarde teníamos que vernos, y parece que al final, va a ser que no. Que has salido antes del trabajo y ya vas a hacer las gestiones con Sonia.

Casi mejor, si lo pienso. Porque hoy voy vestida de aquella manera. Y aunque me apetece un montón verte, creo que no me apetece que tú me veas a mí. Qué tontería, ¿no?

Planes de futuro

El viernes, cenando, te pusiste a mi lado, aún cuando casi toda la mesa estaba libre. Escogiste ese sitio. Y sé que no fue al azar.

Me dio la sensación de que lo escogías, precisamente, para demostrarte a ti misma (y, de paso, a mi) que habíamos normalizado la situación. A mi me da igual, demuéstrate (o demuéstrame) lo que te dé la gana. El caso es que te sentaste a mi lado, cerca.

Y nuestras piernas estuvieron toda la cena bien enganchadas. Y yo no aparté la mía, me gustó sentir (otra vez) el calor de tu piel por debajo de tus tejanos, y por encima de los míos. Y tú no apartaste la tuya. ¿Me querías demostrar algo?

El sábado vi anunciado un concierto de dos de nuestros grupos preferidos. Cuando me contestaste el sms confirmando que sí, que querías venir, no puedes ni imaginarte cómo brinqué por la habitación. Casi tenía asumido que no ibas a poder venir, o que no te apetecería. Pero el sms era una afirmación emocionada “¡¡¡sí!!! ¡¡¡Qué grande!!!”. Así, con todas sus exclamaciones.

Me encanta hacer “planes de futuro” que nos involucren a las dos. Así, al menos, sé que en un tiempo te voy a seguir teniendo cerca. Llámame egoísta, si quieres.

jueves, 27 de mayo de 2010

:)



¡Qué felicidad!

¡Me acabas de enviar un sms por sorpresa! Me encanta ver el móvil parpadeando y descubrir que has sido tú la que has pensado en mi, aunque sea por un momento.

Me he tenido que encerrar en el lavabo de la oficina para sonreír durante un minuto como una tonta y no levantar sospechas entre las compañeras.

Y, el sms, no es del todo necesario… vamos, que no es algo que “no te pudieras ahorrar”, vamos, que por algún motivo te ha apetecido saber de mí.

O igual no. Pero, ¿y lo feliz que me has hecho en un momento?

No puedo... no hay manera

Bueno, parece que la comunicación se ha restablecido. No está normalizada todavía, porque creo que estamos las dos un poco tanteando a ver por dónde van los tiros, pero bueno, parece que, por lo menos, la cosa mejora.

Yo voy a días. Ayer por la noche, sola en casa, te eché de menos. Y hubiera querido poderte llamar y tenerte cerca. Y quizás sólo hablar contigo. Y reírnos juntas. Y hablar de esas series de televisión que veo porque tú me las recomendaste, y de las que no puedo hablar con nadie más.

Pero no estabas. Y no me atreví a llamarte. Hubiera sido raro. Ya.

Qué raro es todo, Mónica.


http://www.youtube.com/watch?v=jh-_ejRdUV0

miércoles, 26 de mayo de 2010

Tu presencia

Vale. Que esto parece que no haya pasado nunca. Pero me miras raro.

Me divierte ver tu cara de incomprensión, como si me estuvieras diciendo “¡Eh! ¿Pero yo a ti no te gustaba? ¡No me trates como siempre!”.

Pero ya te lo dije el otro día. Tú lo has querido así. Y yo lo respeto. Explícitamente me lo pediste “no quiero que esto nos afecte”. Pues así estoy actuando yo. Como si no me afectara.

Y, de hecho, siéndote sincera… tengo que decirte que me afecta menos de lo que me esperaba. Que me he acostumbrado, quizás, a tu presencia. Bueno, no. De hecho, no.

Simplemente, me he hecho a la idea de que no quieres nada conmigo. Pero si te lo repiensas, ya sabes dónde estoy.

sábado, 22 de mayo de 2010

Piensa

Qué cosas. Ahora parece que ya está. Ya me pasan a mí, estas cosas... de repente me encanta alguien y, a los dos días lo aborrezco.

Que no, que no es tu caso. Pero, vamos, hace sólo una semana estaba imaginándome cómo sería mi vida contigo (¡en mi imaginación ya habíamos tenido tres hijos!) y ahora me das cierta rabia.

Vamos a ver, que me gustas, que eso ya te lo he dicho. Pero que no me castigues por ello. Que es una cosa que no puedo evitar. Y tu rechazo sólo hace que te odie con más ganas, y que tu conquista se transforme aún más en un reto para mí.

Así que relájate. De verdad. Sólo quiero follar contigo. Que si es más de un día, mejor. Pero si sólo es un polvo... ¿nos vamos a privar de ese placer?

Piénsatelo bien, pequeña.

jueves, 20 de mayo de 2010

Amistad

Que dice Sofía que no sabes qué hacer conmigo. Que claro, ahora es como complicado, que no quieres que a cada paso que des yo esté pensando que lo haces porque me gustas (o porque te gusto… ¡ojalá!).

Bueno, vamos a ver una cosa, si algo tengo es que soy una persona inteligente. No me jodas. Ya me dejaste claro que “la amistad por encima de todo” (sinceramente, creo que sobrevaloras mi amistad, creo que un polvo no tiene porqué romperla. Pero bueno).

Así que no vayas tú por la vida pensando que me desmayo cada vez que me miras o que me hablas. Que no viene a ser así la cosa. Que sí, que me gustas, y que follaría contigo y que, igual, estoy un poco (sólo un poco) enamorada de ti.

Pero eso no quiere decir que sea un animal. Que no, coño, que no me voy a tirar a tu yugular.

Tú has marcado la distancia que quieres. Yo la acepto. Ya te darás cuenta de que te equivocas…

miércoles, 19 de mayo de 2010

Rectifico

Ah. Pues dice Sofía que yo me comporté exactamente igual que tu, ayer. Que ella no vio nada raro ni en ti, ni en mi, vaya.

Así que te voy a dar margen. Pero no te confíes, sé que te pone nerviosa la situación. Igual que a mí. Pero yo voy dando pasitos para restablecer lo de antes. Lo único que recibo de ti, de momento, es que evitas el contacto conmigo (bueno, ayer, de repente me miraste mientras yo hablaba y metiste tus ojos dentro de los míos… ¡por poco me da un soponcio!)

Que sí, que paciencia, que ya lo sé. Pero bueno, nunca se me ha destacado esa virtud, qué vamos a hacerle. Ansiosa que es una.

Mira, igual esto de enamorarme de una mujer me va a servir para descubrir más sobre mis propias reacciones. Ahora entiendo a los hombres cuando dicen que somos complicadas. Madre de Dios.

Tu verás

Ayer te hubiera matado. De verdad. Te llenas la boca diciendo eso que dicen todos (coño, pensaba que las mujeres no hacíamos estas cosas, pero sí, se ve que sí): “no, esto no va a afectar a nuestra amistad, yo quiero seguir teniendo la misma relación de siempre contigo”.

¡Y una mierda!

¿Dónde estaba mi amiga anoche? ¿Eh?

Pues te lo voy a decir: escondida detrás de un muro de contención puesto por tu puto cerebro.

De verdad… no te entiendo. ¿De qué va esto?

¿En serio me crees tan gilipollas como para saltarte al cuello a la mínima que me sonrías?

No, reina, no… tengo un gran autocontrol. Y aunque me gustas con locura ya me lo dejaste claro: por delante de todo está nuestra amistad.

Ok. No es mi problema si no te quieres arriesgar. Tú verás lo que haces.

Pero no se te ocurra seguirme castigando por el simple hecho de que me gustes. No tienes ningún derecho a hacerlo.

Quién avisa no es traidor. He dicho.

martes, 18 de mayo de 2010

Tonight, tonight, tonight...

Esta noche nos veremos. Estarás tan fantástica como siempre. O quizá más. Quizá esta noche te haya dado por arreglarte más de lo normal, a veces lo haces… y a mí se me cae la baba. “Me gusta verme guapa”, me dices. Y a mi me encanta verte así.

Pero igual hoy llevas tus tejanos de siempre, gastados, con una camiseta de esas que te marcan las curvas y te realzan el pecho. Me encanta imaginar tu piel debajo de tu ropa.

Tengo ganas de verte. Aunque, lo más probable es que, otra vez hoy, tu no me veas a mi. No de la manera en que yo te veo. Eso seguro.

Tendré paciencia, algún día te darás cuenta de que realmente estoy allí.

lunes, 17 de mayo de 2010

¡Descarada!

















El sábado estuve en tu casa. Te acompañé a buscar una chaqueta, ha vuelto a refrescar y habías salido con poca ropa de casa.

Entramos a tu habitación. Me sorprendió darme cuenta de que, después de tantos años, nunca había estado allí.


Estuve espiándote, mientras tu estabas en el lavabo acabando de arreglarte. Miré todos los recuerdos que tienes colgados en la pared. A pesar de tu edad, sigues teniendo la habitación como una adolescente. Me encantó ver tus fotos de jovencita con tus amigas (ahora también las mías, quién lo iba a decir), leer tus escritos en la pared... ver tu foto del equipo femenino de fútbo. Qué horror, ¡¡¡realmente eres completamente lesbiana!!!

Tuviste el descaro de cambiarte de camiseta delante mío. Es más, tuviste la completa desfachatez de hacer gala de tu nuevo sujetador mostrándome los encajes... lo haces a propósito, ¿verdad?

No te imaginas qué pensé en ese momento. Solas en tu habitación. Tus padres durmiendo a dos metros de nosotras... como dos adolescentes otra vez.

¡Dios, esto de mi reciente bisexualidad me va a volver loca!

Presentación

Me llamo Marta. Y soy heterosexual. Siempre me han gustado los hombres. Mucho. Desde que me recuerdo, de bien pequeña, he sentido una atracción enorme por los hombres. Me han gustado infinitos. Me he enamorado locamente de muchos, me han correspondido algunos, he estado con tres y he sido muy feliz.

Pero de repente ha entrado Mónica en mi vida. Entró como una amiga más. Una conocida, una chica que compartía parte de su tiempo conmigo ya que su grupo de amigos pasó a ser también el mío.

Y, de repente... después de un año luchando contra esto... creo que me he enamorado de ella. Y tengo dudas. Muchas dudas.

Y necesitaba escribirlo. Y por eso este blog.