jueves, 22 de julio de 2010

Curvas

El otro día me enamoré perdidamente del vestido granate. Entré en la tienda y lo vi, y me encantó. Pero me convencí de que no debía gastarme el dinero en un vestido, total, casi nunca voy con vestidos. Ni en verano ni en invierno.

Pero después de darle un par de vueltas a la tienda me volví a encontrar con él delante. Y me lo probé. Y, realmente, pensé que me quedaba increíblemente bien.

Ayer lo estrené. ¿Crees que no me fijé en cómo me mirabas mientras yo hablaba con Sofía?

Notaba tus ojos puestos encima de ese vestido granate que me resalta el escote, que me disimula las curvas “menos deseables”.

Y me encantó sentir, de nuevo, tu mirada examinándome. Esta noche me he dormido pensando en que, quizás, estuvieras pensando en la manera de quitarme el vestido y de reseguir mis curvas con tus dedos.

Ya. Que sueño despierta. ¿Y?

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